La coacción penal en el proceso civil

Por Chiappini, Julio

1. Cosas que pasan

 

Con frecuencia modulada que es ímprobo las estadísticas patenticen, hay abogados que en el proceso civil atacan, o se defienden, con amenazas penales.

 

Para esto hay que saber bastante de derecho penal. En realidad todo letrado debería conocer al menos un mínimo de derecho penal, cuándo hay un posible "cortocircuito". Lo puede cometer él o la parte contraria. Y son filones que están ahí nomás, alguien puede aprovecharlos. O el juez o un fiscal actuar de oficio.

 

La virtualidad penal en las relaciones civiles es no digo cuantiosa pero sí probable y, desde luego, posible. Por ejemplo los cheques rechazados por falta de fondos o por cuenta cerrada. En esos casos la advertencia de denuncia penal o la denuncia radicada suelen obrar cual un "ábrete sésamo", el asunto se arregla. Sin embargo la generalidad de los abogados omite y se zambulle en un juicio ejecutivo. Son despiertos para atacar pero no tanto respecto a cómo deben atacar. Comprenden que el dinero está en el proceso civil. Pero no que pueden acaso juntarse con más facilidades con ese dinero si esgrimen dos armas en vez de una.

 

Y los ejemplos que se multiplican. Porque los delitos contra el patrimonio o de carácter económico proliferan. Y buena parte sobrelleva una vertiente civil o comercial. Mejor entonces ser baqueanos en estas modestas lides.

 

De todos modos, no es cuestión de revolear el Código Penal, o la enormidad de leyes penales especiales, "a lo loco". Podemos invocar esa quinta columna incluso en casos de duda, hay gente que se asusta. Pero no, decíamos, sin ton ni son.

 

 

2. Una norma que interdice

 

Conforme al art. 53, inc. T del Estatuto del Colegio de abogados de la 2ª circunscripción santafesina, se sanciona el "Ejercer coacción sistemática en asuntos civiles buscando derivaciones de carácter criminal".

 

Me parece que la disposición, aunque descuento que sanamente inspirada, perpetra una escrupulosidad: ve pecado donde no lo hay o ve pecado grande cuando lo hay chico. Para colmo, los que no perdonan nada a nadie todo se lo perdonan a sí mismos.

 

En efecto, el letrado puede denunciar, puede "amagar", puede avisar, puede muchas cosas. De suerte tal que esta norma no censura una conducta mala in se sino simplemente mala prohibita: algo que para el legislador es perverso aunque en esencia no lo sea ni tenga por qué serlo.

 

La "coacción sistemática", en tanto, uno interpreta que puede infligirse a una misma persona o a varias, ajenas entre sí. Ya que ese, generalizado, es el modus operandi del tremebundo abogado.

 

En cualquier caso, insisto, uno halla una demasía. Amenazar o extorsionar, entre muchas otras lindezas, son delitos. Pero trompetearle al otro, incluso a funcionarios, que han incurrido o están a punto de incurrir en delitos, es conducta permitida dentro del status libertatis de cada uno. Incluso es posible que "hagamos un favor". Al tiempo que nos lo hacemos a nosotros, claro. Porque uno de los veinte secretos de la vida y desde ya de la política, consiste en aparentar que le hacemos el juego a los demás, cuando en rigor nos lo estamos haciendo a nosotros mismos.

 

Y por si fuera poco, la frase no cursi pero sí algo rea, con el consiguiente encanto, "el que avisa no es traidor".

 



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