La Ciudad avanza con reglas electorales para mejorar el juego democrático

Por Quintana, Francisco

I. Introducción

 

Un recorrido por la historia de la Argentina nos deja como saldo un país con bajos estándares de democracia material. Las luchas por el poder se antepusieron a las necesidades sociales y al desarrollo institucional, retrasando nuestra consolidación como país democrático. Sin embargo, a partir de 1983 la historia cambió y la democracia pasó a ser la regla.

 

En los últimos años se comenzaron a debatir posibles reformas para fortalecer la democracia a través de procesos electorales más permeables a la participación ciudadana, que aumenten la competencia electoral y sean modernos, para desterrar las sospechas de fraude.

 

Con estos objetivos, en la Ciudad de Buenos Aires se debate en sede legislativa los ejes de la reforma política con la intención de dejar un legado para una democracia más fuerte.

 

II. Las reglas electorales y su incidencia

 

Las reglas electorales determinan la forma en que los ciudadanos eligen a sus representantes. La Constitución establece que las provincias y la Ciudad de Buenos Aires son autónomas y conservan los poderes no delegados al Gobierno Federal. Por ello tienen su propio diseño institucional y competencia para dictar sus leyes en material electoral, en este caso.

 

Desde el retorno a la democracia hubo episodios en los cuales se puso en duda la transparencia electoral (1) Robo de boletas, retención de documentos de identidad, sospechosos recuentos y votación en cadena son algunos de los mecanismos que suelen suceder por la falta de control debido, en parte, a que los partidos políticos no tienen la cantidad de fiscales necesarios.

 

A nivel nacional, en 2009 se produjo una reforma electoral de la mano de la mayoría kirchnerista en el Congreso que, si bien prometía avanzar hacia una mayor democracia, respondió a un interés de los gobernantes en ejercicio y no atendió a la oposición para dar un verdadero debate electoral. Por ende, esta reforma no resolvió los problemas de transparencia electoral, aunque fue efectiva respecto a equidad en la publicidad partidaria.

 

La reforma nacional incluyó, entre otros aspectos, el establecimiento de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) como forma de participación ciudadana hacia la definición de candidatos en el interior de los partidos. La reforma propuesta mostró falencias en la experiencia de 2011, en donde se verificó que en vez de una apertura hacia la democratización de la elección de los candidatos, actuaba como anticipo de las elecciones generales. El objetivo se desvirtuó, pues este sistema da un juego de suma cero: hacia adentro del partido, la lista que gana, gana todas las posiciones para presentar sus candidatos ejecutivos y senatoriales en las elecciones generales. Por lo tanto, el que pierde, pierde todo. Mientras que para el caso de candidatos a diputados, la ley no establece cómo se debe realizar la distribución, dejando el criterio al partido. Entonces, una vez más, los acuerdos fueron anteriores y los partidos más grandes no dirimieron su interna abiertamente.

 

En la Ciudad la discusión es más amplia y los objetivos son claros: mejorar los canales de participación ciudadana, garantizar la accesibilidad a la oferta electoral, transparentar los actos eleccionarios y promover la competencia electoral, con el fin de fortalecer la democracia. Para ello, se encuentran en debate proyectos de ley de reforma política propuestos por el Poder Ejecutivo de la Ciudad que abarcan dos aspectos electorales esenciales que, complementados, potencian los objetivos: las PASO y la boleta única. (2)

 

III. La propuesta de reforma porteña

 

La Ciudad aún no cuenta con un código electoral propio y se rige por el nacional vigente a 1997, es decir, sin las últimas modificaciones; más allá de que existe normativa propia, como la Ley de Financiamiento de Partidos Políticos. En este contexto, las PASO y la boleta única son avances hacia la consolidación de la autonomía porteña en términos electorales.

 

En el caso de las PASO su práctica será una herramienta eficaz para que los ciudadanos tengan incidencia y participación en las decisiones internas de los partidos, que son los vehículos naturales de las demandas sociales. Para ello, la diferencia sustancial del sistema para Ciudad respecto a la Nación es que quien gana puede elegir a su vicejefe de gobierno para el caso de las elecciones ejecutivas, y los cargos legislativos y de las comunas se define proporcionalmente entre las listas presentadas, según la cantidad de votos obtenidos. Así, se incentiva la participación interna.

 

Asimismo, a nivel nacional se omitió prohibir las colectoras, con lo cual, la oferta electoral sigue siendo desordenada; mientras que la propuesta en Ciudad es que esté prohibido para las elecciones generales para evitar la confusión al votante.

 

Por otra parte, la boleta única es un mecanismo para transparentar y garantizar el acceso a toda la oferta electoral al ciudadano para que ejerza su opción con la información completa. Por eso, se propone el diseño de una boleta con todas las categorías a elegir en la que se incluya a los candidatos. A su vez, al ser las boletas impresas y distribuidas por el Estado y por la introducción de dispositivos de seguridad, se reduce la chance de fraude electoral, al disminuir la posibilidad de robo o sustitución de boletas y garantizar a los partidos con menos recursos su presencia en la oferta electoral.

 

La boleta única fue implementada en Santa Fe y Córdoba. Es hora de que comencemos a discutirla en todos los niveles de gobierno.

 

IV. Conclusiones

 

Los sistemas electorales determinan las reglas en las cuales se produce la elección popular de los representantes de los ciudadanos y es la mayor instancia de participación ciudadana.

 

En este contexto, avanzar hacia una reforma política con mecanismos que acerquen y devuelvan la vida democrática a los partidos políticos, a través de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias con mejoras respecto a la propuesta nacional y que aumente sustancialmente la calidad de la competencia electoral, la transparencia y el acceso a la información electoral a los ciudadanos es una oportunidad que no debemos desatender. Sobre todo, para que la Ciudad de Buenos Aires sea un ejemplo a nivel país y se ubique dentro de las jurisdicciones electorales más modernas del mundo.

 

 (1) Algunos casos recientes que pueden citarse como ejemplos de sospechas de irregularidades electorales son las elecciones de 2011 a gobernador de Santa Cruz y en 2009, en las elecciones en Formosa y a nivel nacional.

 

 (2) Para mayor información ver los expedientes 1867-J-2012 (Proyecto sobre elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias) y 1866-J-2012 (Proyectos sobre boleta única) presentados en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 



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